sábado, 16 de junio de 2018

Somatics


“Cuando uno mira a otro ser humano uno ve un “cuerpo” con una forma y tamaño externo, siendo lo mismo que observar una estatua o un maniquí. Pero cuando el ser humano se mira a uno mismo o a una misma desde su interior, él o ella son conscientes de sus sentimientos, movimientos e intenciones. Al ver un cuerpo desde afuera es considerado  como una tercera persona, pero cuando el ser humano se mira a sí misma o sí mismo desde dentro, es una perspectiva en primera persona lo que significa estar consiente de “mi mismo”. Lo que un individuo ve desde su interior es siempre un “soma”. Soma  es una palabra Griega  que, desde Hesiod en adelante, ha significado  “cuerpo vivo” (Hanna, 1988).”


Somatics es una terapia de autoconciencia somática, que propone la reconexión mente/cuerpo. Fue propuesta por Thomas Hanna, (1928-1990), médico, filósofo y terapeuta, director del Novato Institute for Somatic Research and Training in Novato, California. Editor de “Somatics: Magazine-Journal of the Bodily Arts and Sciences.” 
Hanna llegó a ser un practicante de la técnica de Integración Funcional, desarrollada por Moshé Feldenkrais (1904-1984), médico y fisioterapeuta israelí, de origen ruso, quien desarrolla sus estudios a partir de la técnica Alexander (propuesta en 1896). Hanna creó su concepto “Somatics” a través del cual intentaba integrar el cuerpo/mente a partir de la redefinición del cuerpo como experiencia vivida desde dentro.  Articuló un método de trabajo que partía del  control muscular a través del uso del sistema motor voluntario. Hasta el desarrollo de Somatics, el cuerpo era visto desde una tercera persona, como algo externo.

Hanna propone observar el cuerpo en primera persona, y es así cuando él define a esta percepción como el “soma humano”. Una de las premisas más importantes fue el concepto de que nuestra atención está tan externamente desviada  que solamente el dolor puede despertar a nuestra disfunción somática y que algunas veces las señales tempranas de dolor no pueden alcanzar el umbral de nuestra conciencia pasando así desapercibidas. Esta idea constituyó lo que él denominó el “síndrome de amnesia sensorial motora”.
Nuestro cerebro se estructura en diferentes niveles. El nivel subcortical rige las acciones de tipo involuntario vinculadas al instinto de supervivencia, aquellas que nos permiten hacer frente a peligros o amenazas. Más superficialmente, en el nivel cortical, las células se vinculan al control voluntario y gobiernan actividades mucho más complejas, aquellas que hemos ido aprendiendo en el transcurso de la vida. El sistema sensoriomotor está compuesto por los nervios sensitivos y los nervios motores y en consecuencia afecta a todas las estructuras neuromusculares.  

 El trabajo en conjunto de Moshé Feldenkrais y Hans Selye, médico y fisioterapeuta austro-húngaro (1907-1982) pone en relieve que las situaciones de estrés desencadenan acciones reflejas inconscientes que se disparan como si estuviéramos en situación real de peligro. Estos reflejos emanan de la parte subcortical de nuestro cerebro y afectan al sistema muscular creando contracciones involuntarias. Cuando se activan de forma inconsciente y constante, estas contracciones musculares se van tornando habituales. Nuestro sistema neuromuscular se va familiarizando aún cuando ese patrón sea perjudicial para nuestra salud y nos cause limitaciones de movimiento, rigidez, dolores y/o fatiga crónica. Esto es la suma de las respuestas del estrés neuromuscular que es la causa de diversas patologías (Hanna, 1988). Se han identificado dos tipos de estresores: los negativos (distress), que inducen reflejos de naturaleza protectora que están vinculados a respuestas fisiológicas de alarma, miedo o incluso huida y los positivos (eustress), de carácter asertivo, que promueven el movimiento y la acción. Un estresor negativo detona los Reflejos tipo “Luz Roja”, que son los que contraen la musculatura de la cara anterior del cuerpo, haciendo que los hombros se vuelquen hacia delante, el pecho se hunda y la caja torácica se oprima. En contrapartida, un estresor positivo prepara el cuerpo para el avance y el movimiento contrayendo a la parte posterior del cuerpo y más específicamente los extensores de la columna. A estos últimos se les denomina Reflejos tipo “Luz Verde” y cuando se internalizan como patrón, la respuesta más característica es el arqueamiento excesivo de la espalda a nivel lumbar (hiperlordosis). Como ambos reflejos son opuestos y sus respuestas fisiológicas antagónicas, cabría esperar  que se compensaran entre sí, pero nada más lejos de la realidad. En lugar de contrarrestarse, se sobre imponen y se interfieren, creando patrones de contracción parciales que afectan a todo el cuerpo, incluyendo el  tronco, cabeza y extremidades (Hanna, 1988).

A estos reflejos se les añade el Reflejo de Trauma, una reacción del sistema sensoriomotor que resguarda al organismo en contra del dolor, constituyéndose en un reflejo común para protegerse de este. Por ejemplo: si alguien es quemado por un cigarro, la parte del cuerpo amenazada se mueve alejándose del peligro. Si el cuerpo es lesionado, la retracción muscular pretende sostener apretadamente en un patrón protector de los puntos circundantes de la lesión, esto también forma parte del Reflejo de Trauma.    
 Estos tres reflejos son la causa de lo que Feldenkrais y Selye denominaron Amnesia Sensoriomotora. Un estado de olvido, de pérdida de memoria de cómo ciertos grupos de músculos sienten y cómo controlarlos. Durante el curso de la vida, el sistema sensoriomotor continuamente responde al estrés diario y a los traumas con específicos reflejos musculares, estos reflejos repetidamente funcionan creando habituales contracciones musculares, los cuales, no se pueden voluntariamente relajar. Estas contracciones han llegado a ser tan profundamente involuntarias e inconscientes que, eventualmente, ya no permitirá moverlos libremente. El resultado es rigidez y dolor y una restricción del rango de movimiento. Este habitual estado de olvido es llamado amnesia sensoriomotora (SMA). Es una pérdida de memoria de cómo cierto grupo de músculos siente y cómo controlarlos. Y porque esto ocurre dentro del sistema sensoriomotor, no se está consciente de ello, de todas formas esto afecta el centro. La imagen de quiénes somos, qué podemos experienciar y qué podemos hacer está profundamente afectada (atrofiada) por la amnesia sensoriomotora. Y este es el principal evento y el efecto secundario de lo que falsamente creemos que es envejecer. Un ejemplo es “la postura senil”, una suma de dos reflejos opuestos, que conforman una postura muy familiar que se ven en millones de cuerpos envejecidos, esto claramente muestra cómo dos reflejos recíprocos están habituados dentro de un tenso compromiso entre dos patrones. Esta poderosa contracción de los músculos de la espina dorsal, es el reflejo de luz verde que se manifiesta mediante el empuje continuo de la espalda baja y cuello hacia una curva anterior, el equivalente abdominal de este empuje y las contracciones de los hombros en el reflejo de luz roja se proyecta en todo el tronco hacia adelante, curvando la cabeza y los hombros también hacia adelante (Hanna ,1988).

Los ejercicios somáticos propuestos por Hanna, buscan despertar la consciencia sensorial en aquellas zonas del cuerpo en donde se han instaurado las contracciones musculares de forma permanente. Esto se consigue volcando la atención en las sensaciones internas que tienen lugar al mismo tiempo que se realizan los movimientos. El feedback sensorial permite reeducar al Sistema Nervioso Central y  propiciar los cambios que se requieren a nivel muscular. De este modo, Hanna establece los ejercicios somáticos como un recurso eficiente para  combatir el estado de Amnesia Sensomotriz a que estábamos sometidos con tanta tensión muscular y que nos impedía hallar la ruta adecuada para relajarnos.


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