“Cuando
uno mira a otro ser humano uno ve un “cuerpo” con una forma y tamaño externo,
siendo lo mismo que observar una estatua o un maniquí. Pero cuando el ser
humano se mira a uno mismo o a una misma desde su interior, él o ella son
conscientes de sus sentimientos, movimientos e intenciones. Al ver un cuerpo
desde afuera es considerado como una tercera persona, pero cuando el ser
humano se mira a sí misma o sí mismo desde dentro, es una perspectiva en
primera persona lo que significa estar consiente de “mi mismo”. Lo que un
individuo ve desde su interior es siempre un “soma”. Soma es una palabra
Griega que, desde Hesiod en adelante, ha significado “cuerpo vivo”
(Hanna, 1988).”
Somatics es una terapia
de autoconciencia somática, que propone la reconexión mente/cuerpo. Fue
propuesta por Thomas Hanna, (1928-1990), médico, filósofo y terapeuta, director
del Novato Institute for Somatic Research and Training in Novato,
California. Editor de
“Somatics: Magazine-Journal of the Bodily Arts and Sciences.”
Hanna llegó a ser un
practicante de la técnica de Integración Funcional, desarrollada por Moshé
Feldenkrais (1904-1984), médico y fisioterapeuta israelí, de origen ruso, quien
desarrolla sus estudios a partir de la técnica Alexander (propuesta en 1896).
Hanna creó su concepto “Somatics” a través del cual intentaba integrar el
cuerpo/mente a partir de la redefinición del cuerpo como experiencia vivida
desde dentro. Articuló un método de trabajo que partía del control
muscular a través del uso del sistema motor voluntario. Hasta el desarrollo de
Somatics, el cuerpo era visto desde una tercera persona, como algo externo.
Hanna propone observar
el cuerpo en primera persona, y es así cuando él define a esta percepción como
el “soma humano”. Una de las premisas más importantes fue el concepto de que
nuestra atención está tan externamente desviada que solamente el dolor
puede despertar a nuestra disfunción somática y que algunas veces las señales
tempranas de dolor no pueden alcanzar el umbral de nuestra conciencia pasando así
desapercibidas. Esta idea constituyó lo que él denominó el “síndrome de amnesia
sensorial motora”.
Nuestro cerebro se
estructura en diferentes niveles. El nivel subcortical rige las acciones de
tipo involuntario vinculadas al instinto de supervivencia, aquellas que nos
permiten hacer frente a peligros o amenazas. Más superficialmente, en el nivel
cortical, las células se vinculan al control voluntario y gobiernan actividades
mucho más complejas, aquellas que hemos ido aprendiendo en el transcurso de la
vida. El sistema sensoriomotor está compuesto por los nervios sensitivos y los
nervios motores y en consecuencia afecta a todas las estructuras
neuromusculares.
El trabajo en
conjunto de Moshé Feldenkrais y Hans Selye, médico y fisioterapeuta
austro-húngaro (1907-1982) pone en relieve que las situaciones de estrés
desencadenan acciones reflejas inconscientes que se disparan como si
estuviéramos en situación real de peligro. Estos reflejos emanan de la parte
subcortical de nuestro cerebro y afectan al sistema muscular creando
contracciones involuntarias. Cuando se activan de forma inconsciente y
constante, estas contracciones musculares se van tornando habituales. Nuestro
sistema neuromuscular se va familiarizando aún cuando ese patrón sea
perjudicial para nuestra salud y nos cause limitaciones de movimiento, rigidez,
dolores y/o fatiga crónica. Esto es la suma de las respuestas del estrés
neuromuscular que es la causa de diversas patologías (Hanna, 1988). Se han
identificado dos tipos de estresores: los negativos (distress), que
inducen reflejos de naturaleza protectora que están vinculados a respuestas
fisiológicas de alarma, miedo o incluso huida y los positivos (eustress),
de carácter asertivo, que promueven el movimiento y la acción. Un estresor
negativo detona los Reflejos tipo “Luz Roja”, que son los que
contraen la musculatura de la cara anterior del cuerpo, haciendo que los
hombros se vuelquen hacia delante, el pecho se hunda y la caja torácica se
oprima. En contrapartida, un estresor positivo prepara el cuerpo para el avance
y el movimiento contrayendo a la parte posterior del cuerpo y más
específicamente los extensores de la columna. A estos últimos se les
denomina Reflejos tipo “Luz Verde” y cuando se internalizan
como patrón, la respuesta más característica es el arqueamiento excesivo de la
espalda a nivel lumbar (hiperlordosis). Como ambos reflejos son opuestos y sus
respuestas fisiológicas antagónicas, cabría esperar que se compensaran
entre sí, pero nada más lejos de la realidad. En lugar de contrarrestarse, se
sobre imponen y se interfieren, creando patrones de contracción parciales que
afectan a todo el cuerpo, incluyendo el tronco, cabeza y extremidades (Hanna, 1988).
A estos reflejos se les
añade el Reflejo de Trauma, una reacción del sistema sensoriomotor
que resguarda al organismo en contra del dolor, constituyéndose en un reflejo
común para protegerse de este. Por ejemplo: si alguien es quemado por un
cigarro, la parte del cuerpo amenazada se mueve alejándose del peligro. Si el
cuerpo es lesionado, la retracción muscular pretende sostener apretadamente en
un patrón protector de los puntos circundantes de la lesión, esto también forma
parte del Reflejo de Trauma.
Estos tres reflejos son la causa de lo que
Feldenkrais y Selye denominaron Amnesia Sensoriomotora. Un estado de olvido, de
pérdida de memoria de cómo ciertos grupos de músculos sienten y cómo
controlarlos. Durante el curso de la vida, el sistema sensoriomotor
continuamente responde al estrés diario y a los traumas con específicos
reflejos musculares, estos reflejos repetidamente funcionan creando habituales
contracciones musculares, los cuales, no se pueden voluntariamente relajar.
Estas contracciones han llegado a ser tan profundamente involuntarias e
inconscientes que, eventualmente, ya no permitirá moverlos libremente. El
resultado es rigidez y dolor y una restricción del rango de movimiento. Este
habitual estado de olvido es llamado amnesia sensoriomotora (SMA). Es una
pérdida de memoria de cómo cierto grupo de músculos siente y cómo controlarlos.
Y porque esto ocurre dentro del sistema sensoriomotor, no se está consciente de
ello, de todas formas esto afecta el centro. La imagen de quiénes somos, qué
podemos experienciar y qué podemos hacer está profundamente afectada
(atrofiada) por la amnesia sensoriomotora. Y este es el principal evento y
el efecto secundario de lo que falsamente creemos que es envejecer. Un ejemplo
es “la postura senil”, una suma de dos reflejos opuestos, que conforman una
postura muy familiar que se ven en millones de cuerpos envejecidos, esto
claramente muestra cómo dos reflejos recíprocos están habituados dentro de un
tenso compromiso entre dos patrones. Esta poderosa contracción de los músculos
de la espina dorsal, es el reflejo de luz verde que se manifiesta mediante el
empuje continuo de la espalda baja y cuello hacia una curva anterior, el
equivalente abdominal de este empuje y las contracciones de los hombros en el
reflejo de luz roja se proyecta en todo el tronco hacia adelante, curvando la
cabeza y los hombros también hacia adelante (Hanna ,1988).
Los ejercicios
somáticos propuestos por Hanna, buscan despertar la consciencia sensorial en
aquellas zonas del cuerpo en donde se han instaurado las contracciones
musculares de forma permanente. Esto se consigue volcando la atención en las
sensaciones internas que tienen lugar al mismo tiempo que se realizan los
movimientos. El feedback sensorial permite reeducar al Sistema
Nervioso Central y propiciar los cambios que se requieren a nivel
muscular. De este modo, Hanna establece los ejercicios somáticos como un
recurso eficiente para combatir el estado de Amnesia Sensomotriz a
que estábamos sometidos con tanta tensión muscular y que nos impedía hallar la
ruta adecuada para relajarnos.
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